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ANTONIO DOMECQ: LA TRADICIÓN BIEN APRENDIDA

El Mundo del Caballo nº 072

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El rejoneador jerezano nos recibe en la afamada finca “Los Alburejos” durante una jornada de entrenamiento con su cuadra de caballos. Antonio representa varias generaciones de dedicación casi exclusiva a la crianza y doma de ejemplares del más alto nivel en España, tanto de rejoneo como de arte ecuestre, un perfecto ejemplo de experiencia, conocimiento y pasión por el caballo.

Antonio comenzó a tratar con caballos casi por inercia; desde pequeño montaba en casa muy frecuentemente, en los “correderos” o moviendo los toros de la prestigiosa ganadería Torrestrella, propiedad de su familia. “Una vez que te pica el gusanillo, éste no para de morderte hasta que decides retirarte; se convierte, sin darte cuenta, en tu profesión”. Toma la alternativa como rejoneador en 1992, junto a su tío Álvaro, su hermano Luis y Fermín Bohórquez, aunque su debut verdadero rejoneando en público fue en Chiclana en 1988. La ventaja de pertenecer a una familia dedicada de verdad a la cría impulsa una afición que se convierte en profesión con el paso de los años. Una ganadería de muy buenos sementales y yeguas, probada con indiscutible éxito por su tío Álvaro y que, actualmente, produce bisnietos de excelente rendimiento. Aquí, lo más importante es la calidad del caballo; gracias a los cruces de razas obtenidos de españoles, hispano-árabes, ingleses, portugueses, etc, se consiguen ejemplares con multitud de recursos y útiles para su dedicación concreta. Paralelamente a la cría de caballos de rejoneo y de campo, la familia Domecq, con su tío Álvaro como estandarte, continúa con su prestigiosa cuadra de pura raza española dedicada a la equitación o arte ecuestre.

LA DOMA
Para el toreo a caballo se exige al mismo que presente buenas aptitudes en el picadero, apartando ganado, acosando en trabajos de campo y, por último, toreando, lo más difícil de conseguir. Con este fin, se seleccionan potros a los que se estudia en sus diversas facetas con el objetivo de sacar conclusiones de lo obtenido de los cruces realizados. “Empezamos a montarlos a los 3 años y medio, sin prisa pero sin pausa, intentamos que la doma sea lo principal. Les llevamos con el “filetito” al campo y observamos, en las carreras, si al acortar o estirar el caballo se deja agarrar, si se somete, o si permite el apoyo con las piernas. Todos estos pequeños detalles hacen que se vea la predisposición al toreo de los potros; no vale con hacer ciertas cosas bien, tiene que ser un caballo muy polivalente para ser apto. Como, por ejemplo, cuando se aparta o mueve ganado bravo, hay que estar atento para ver si el caballo se aparta y se para en su momento ante la envestida de algún toro, sin protestar. Hay veces en que, tras una dura jornada de trabajo de campo, se necesita una recuperación rápida para continuar al día siguiente, y eso no es fácil. Por eso es tan importante esa polivalencia, el simple hecho de abrir una cancela te enseña virtudes o defectos del animal, si tiene genio y aptitud, si se asusta o no. Estos gestos van sacando sus cualidades y defectos, para saber si va a ser bueno para salida, banderillas o para matar. Tú le puedes enseñar los movimientos que quieres que realice, pero la personalidad es algo que te dan ellos mismos; como los humanos, no se consigue con la doma”. Antonio piensa que un error de la mayoría de rejoneadores es comprar caballos ya domados, porque, generalmente, o te acoplas a ellos, o fracasas. Hay ciertos ejemplares que no han conseguido rendir a buen nivel en ciertas manos pero que, al cambiar de dueño, se convierten en la estrella de la cuadra y viceversa, caballos de éxito venidos a menos. "Hay veces que te gusta cómo se ve el caballo desde fuera, montado por otro jinete, pero cuando te montas tú se pone “serrero” (como dicen por la tierra al caballo complicado), y cuando vas a comprar un caballo, por lo general, tienes muy poco tiempo para probarlo, con lo que puedes acabar equivocándote.” Después, está la disciplina y el miedo al toro; al parecer, no es la cornada lo que más les asusta y produce “shock” sino el ser golpeados, ya que lo primero suele ocurrirles de espaldas al toro y no lo ven, pero el encontronazo o golpeo lo ven, y hace que cojan miedo y hagan extraños ante la embestida. Esto para un caballo torero puede significar el final de su carrera.

DEDICACIÓN PLENA
Antonio dedica su vida a los caballos, jornada tras jornada; puede dejar de montar un día o dos a lo sumo, pero sabiendo que si no está él, el personal de la cuadra realizará su trabajo a la perfección. “A mí me gusta más el caballo que el toro precisamente por este motivo, el toro solo se disfruta un día y no te permite acercarte, pero el caballo es a diario, esté bueno o malo, haya ganas o no, triunfe o no. Yo tengo la costumbre de pasarme por las cuadras después de las corridas para estar con ellos; eso lo notan ellos, sienten y son muy inteligentes”. Antonio nos cuenta que hay ciertas cosas que no dejan de sorprenderle, como cuando se desplazan en camión a los diversos festejos. Al parecer, los caballos no se inmutan en las paradas que se hacen en el recorrido, o cuando han de apearse en su destino, pero cuando llegan a la curva previa a la entrada de la finca “Los Alburejos”, empiezan todos a relinchar celebrando la vuelta a casa. También saben cuando una corrida es importante o no, y es que... ¿quién puede juzgar hasta dónde llega el razonamiento o los sentimientos de estos increíbles animales? Cuando se le habla de un caballo favorito, nuestro anfitrión reparte los elogios. “Para la gente, “Desplante”, la “Espléndida” o “Pituso”, aunque también está gustando “Querubín”. Esto desde el punto de vista del público y el espectáculo, pero para mí, el caballo realmente importante es el de salida, el que te permite ahormar el toro para poder sacar el caballo bueno. Echo también mucho de menos a “Caribe”, con el que empecé a rejonear”. Y es que para Antonio lo más importante es la confianza que ha logrado obtener de sus ejemplares, ya que, independientemente de los toros que le toquen, sabe que, salga el que salga de sus caballos, va a parar bien al toro y a cumplir a la perfección con su cometido. Esto le permite sentirse confiado y disfrutar durante las tardes de rejoneo. Cuando le preguntamos por la faena perfecta, nos responde que “no hay mejor triunfo que el de sentirte a gusto con tus caballos durante la corrida, y que después de un duro invierno mano a mano junto a ellos en el campo, conviertan en realidad todo lo que se ha trabajado”.

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