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CALENTAMIENTO DEL CABALLO DE DEPORTE: RECETA PARA EL TRIUNFO

El Mundo del Caballo nº 087

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Calentar mal, o no hacerlo, es muy perjudicial en el deporte hípico: influye en el rendimiento del caballo y puede provocarle lesiones. De ahí, que el jinete esté obligado a no saltarse esta rutina si no quiere perder tan pronto sus opciones de triunfo.

Antes de empezar cualquier deporte es necesario realizar un calentamiento para evitar el riesgo de lesiones y asegurar el rendimiento óptimo del deportista. En la hípica, también. El calentamiento es una preparación indispensable para la actividad que se practique —raid, salto, completo, doma, turf, vaquera, rejoneo, etc.— y más para nuestro caballo, que sin contar con los fisioterapeutas o masajistas que los humanos disponemos, sí necesita de una mayor atención por parte de los profesionales. Saber calentar bien al caballo antes del ejercicio intenso es más importante de lo que muchos pueden imaginar. El correcto calentamiento lo prepara física y psíquicamente para el esfuerzo y la concentración, y es la mejor forma de prevenir lesiones provocadas por un trabajo brusco, descontrolado o desorganizado.
Sin entrar en disquisiciones sobre la fisioterapia equina –que incluye trabajos especializados de estiramiento, magnoterapia o masajes, entre otros, imprescindibles para los veterinarios–, lo que es indiscutible es que el proceso de calentamiento es el primer paso que el jinete debe realizar de forma adecuada antes del ejercicio intenso, bien sea dentro de la pista para competir, bien sea antes de un exigente entrenamiento.

UN PASEO QUE VA A MÁS
El caballo es un animal que permanece encerrado en un box de aproximadamente 4 metros cuadrados la mayor parte del día. Y no siempre trabaja con la continuidad que sería deseable. Animal lleno de energía que, de alguna manera, debe descargar, es importante que durante, como mínimo, una hora, huya de su rutinaria vida. Así que, siempre que se pueda, debemos intentar cumplir con ese tiempo (calculado desde que el caballo sale del box hasta que vuelve a entrar en él, una vez recuperado del ejercicio realizado en la pista). Si por alguna circunstancia el ejemplar no puede ir a la pista, haremos que lo caminen a la mano, o si se dispone de algún tipo de máquina para caminar (noria, cinta), lo pondremos en ella.
Cuando toca la hora de los ejercicios de calentamiento, nada mejor que iniciarlos como si de un paseo se tratase. Constan, por lo general, de un estiramiento lento, un trote suave y un galope lento. El proceso de calentamiento del caballo debe asegurar su buena respuesta muscular. Los músculos y tejidos conectivos se desentumecen lo necesario para aumentar el riego sanguíneo en tendones, músculos y ligamentos, que a su vez mejoran la agilidad y elasticidad. Así se consigue un aumento de la temperatura y se pone en marcha el sistema metabólico del cuerpo para prepararlo para un ejercicio más intenso.
Las disciplinas hípicas determinan el tipo de ejercicios de calentamiento que se deben practicar. Los caballos de doma o salto deben realizar un importante trabajo previo si quieren obtener cuatro importantes objetivos: descontracción a los tres aires, flexibilidad, cadencia y conseguir un perfil redondeado que incremente la verdadera impulsión. Todo esto potencia las cualidades atléticas del caballo y lo encamina hacia la voluntad y concentración que se requiere en estas dos disciplinas. La misma línea se sigue, también, con un caballo de raid: poner en óptimas condiciones sus músculos y preparar el sistema cardiovascular para la fase principal de trabajo. El calentamiento aumenta su irrigación muscular, flexibiliza todas las estructuras, moviliza las reservas del bazo y prepara mentalmente al animal para el ejercicio.

UNA RUTINA IMPRESCINDIBLE
Una de particularidades de la hípica es la rutina de la preparación. Larga espera, según la modalidad ecuestre a celebrarse, y con una duración mínima para ese calentamiento que exige una concienzuda disciplina de trabajo. Aunque no se requiere el cumplimiento de un tiempo, sí existe una idea básica de lo que necesita el caballo y un reglamento hípico al que someterse, cuando se compite, para no exceder el horario fijado. Como cualquier deportista, antes de entrar en concurso, carrera o entreno, el caballo debe prepararse física y psíquicamente para los esfuerzos físicos y de concentración que demandará la actividad.
Al margen del trabajo a la cuerda, cuya necesidad diaria depende muchas veces del temperamento del animal y de si hay que potenciar e insistir en determinados aspectos que pueden verse favorecidos con esta práctica, el calentamiento se debe iniciar con unos 10 minutos de trabajo al paso, comenzando con las riendas sueltas, o “en banda”, permitiendo que el caballo estire y descienda libremente el cuello, manteniéndolo siempre tranquilo y con movimiento franco hacia delante, tanto si esta fase del calentamiento se realiza en el picadero o en el exterior, evitando retrotes.
Es interesante aquí poner a debate la conveniencia del calentamiento en el exterior. Hay defensores del trabajo previo fuera de la pista y hay quienes prefieren convertirlo en el espacio adecuado de enfriamiento después de la competición. Lo que está claro es que el caballo en el exterior trabaja con más libertad e, incluso, cuando lo hace en terrenos accidentados, emplea otros grupos musculares que no utilizaría en una superficie lisa. Además, de este modo se obliga a realizar un buen remetimiento de los posteriores y, psíquicamente, se libera de la tensión producida por una excesiva concentración en las indicaciones del jinete, lo que ayuda, muchas veces, a ganar en carácter.
Después se pasará al trabajo al trote durante unos tres minutos. El trote se realizará levantado “a la inglesa” para no sobrecargar el dorso del caballo. A continuación, pasaremos a un galope suave de unos dos minutos insistiendo en la rectitud del caballo, manteniendo una correcta impulsión con buen remetimiento de los posteriores. La última parte del calentamiento tiene que ser la específica para su disciplina o tipo de competición, pero a un nivel mucho más suave. Mientras el ejemplar de salto tiene que superar algún obstáculo y el caballo de doma tiene que hacer sus piruetas o apoyos, el purasangre aumentará la velocidad antes de la carrera en lo que se conoce como cánter.

BAJARSE DEL CABALLO
Si el jinete ha decidido hacer el calentamiento del caballo con un trabajo no montado, entonces se hace a la mano, a la cuerda y al trabajo en los pilares.
A la mano, se realiza, normalmente, embridado y conducido por su jinete o mozo, pie a tierra. Se denomina también trabajo a pie, aunque esta denominación es menos exacta. El acompañante lleva al caballo de las riendas normales o las de montar.
El trabajo en los pilares se ejecuta fijando al caballo en unos pilares anclados en el suelo, entre los que se coloca, mediante un cabezón especial provisto de unos tirantes que se unen, uno por cada lado, unas anillas que tienen diferentes alturas.
El trabajo a la cuerda se emplea mucho como calentamiento previo al trabajo montado. No consiste únicamente en hacer girar al caballo al borde de una cuerda que lo retiene, sino que tiene la función de descontraerlo, ganar la confianza del jinete y aumentar la destreza y la flexibilidad.

UNA PISTA LO MÁS PARECIDA POSIBLE
Sin tener en cuenta la opción del calentamiento exterior, o que muchas disciplinas cuentan con recintos provisionales para que se ejercite el caballo, lo habitual en muchos campeonatos y concursos es que el centro o club disponga de una o varias pistas de calentamiento. Tema, además, que para muchos profesionales es de vital importancia y que, en más de una ocasión, su mínimo acondicionamiento ha provocado algún que otro desplante. Esta pista, cubierta o descubierta, será lo más parecida en sus medidas a la instalación del concurso. Estará próxima a la principal, será de arena y dotada de megafonía para que la montura sepa cuándo le toca entrar en liza.

LA PREPARACIÓN DE LOS JINETES
Oído: “Cuanto más desarrollados tengamos los músculos que trabajan al montar a caballo, menos nos costará realizar el ejercicio y la aparición de la fatiga será más tardía”. Y es que si los caballos pasan “por caja”, los jinetes también. Los profesionales deben hacer un calentamiento previo a la práctica ecuestre y un trabajo compensatorio de estiramientos antes de montar a caballo. Esta rutina, de unos 10 a 15 minutos de duración, consiste en una serie de ejercicios, suaves y generales, dirigidos, normalmente, a activar la circulación de las grandes masas musculares y la totalidad de las articulaciones. La rutina finaliza con movimientos más específicos de la actividad que se vaya a practicar posteriormente. El éxito del calentamiento se logrará alcanzando tres objetivos:
- Desde el punto psicológico, adaptándose al medio (predispone al deportista hacia la actividad que va a desarrollar).
- Desde el punto de vista neurológico, prepara y activa las inserciones nerviosas para que funcionen efectivamente.
- Desde el punto de vista fisiológico, pone los diferentes sistemas del cuerpo en funcionamiento progresivo (sobre todo los sistemas respiratorio y cardiovascular).

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