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COMPETICIÓN
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos J. I. Castello Fotos Adolf Cabané, Borja Luque, E. Bouisset
1. Introducción
La temporada competitiva se acaba para unos y continúa para otros. Ha llegado el momento de pensar si el caballo necesita un periodo mínimo de descanso para renovar sus energías o si tiene ese punto de forma que le permite continuar en la competición.
Se acaba el año y muchas disciplinas bajan el telón competitivo de la temporada. Otras, en cambio, alargan su calendario hasta el infinito. Es el momento de pensar bien en unas merecidas vacaciones para nuestro caballo o bien en un inacabable programa competitivo que, previamente, se habrá planteado a partir de una buena preparación y un concienzudo estudio de las pruebas proyectadas. Pero, ya escojamos descanso o continuidad, lo importante es el bienestar de los équidos. Lo que ha supuesto todo un año de duro trabajo y muchas horas de sacrificio puede tener como premio para el animal un buen reposo. Aunque, en muchas ocasiones, la recompensa viene envuelta en más competición, aprovechando el punto de forma obtenido por el ejemplar a esas alturas de la temporada. Sea cual sea la decisión, será bienvenida. Lo que ocurre es que a la hora de decidirse hay teorías para todos los gustos.
TRAS LOS MESES DE COMPETICIÓN
Y cada teoría dependerá de muchas cosas: la disciplina, la forma, la raza, la alimentación, los premios, el clima, etcétera. La gran mayoría de propietarios, entrenadores, jinetes, o quien corresponda, prefieren que los caballos descansen después de los estresantes meses de competición. Y esto acostumbra a coincidir justo con el final de año (momento en que las instalaciones hípicas también merecen un descanso, bien porque también ellas necesitan reacondicionarse o bien porque el riguroso invierno obliga a su cierre temporal). Hemos apostado, pues, por la tranquilidad, el reposo y el trato privilegiado que necesita nuestro animal. Pero para rentabilizar correctamente este descanso, hay que tener en cuenta que el caballo es igual que un atleta de alto rendimiento, por lo que su periodo de relajación no debe ser superior a un mes. Otras personas consideran más oportuno dar un descanso de tres meses realizando pequeños ejercicios y con una alimentación medida, de modo que los ejemplares puedan mantener un buen estado físico durante ese intervalo que no conlleve, después, una preparación acelerada y desmedida.
Ya se sabe que cada caballo se pone en forma de una manera distinta y puede mantener esa óptima forma física durante un cierto tiempo. Todo dependerá de su genética, de su tipo de cuerpo, de su disciplina, su edad y carácter o de si se está recuperando de algún tipo de lesión. Estos factores son los que determinan cuánto tiempo de trabajo puede aguantar el animal sin un descanso y qué tipo de reposo necesita. Un caballo de doma, salto o carreras, por poner algún ejemplo, puede concursar durante toda la temporada y aguantar perfectamente con tan sólo bajar la forma física y la carga de trabajo ligeramente, o con un descanso de unas semanas, pero sin dejar de trabajar totalmente. Muchas veces, una inactividad total puede ser perjudicial, costando mucho más de lo esperado afinar la forma física del caballo. También puede ser que el descanso le llegue antes, debido a que se encuentra pasado de forma. Los síntomas para llegar a tal diagnóstico se manifiestan, principalmente, por una mala actuación en la pista pero, además, porque empieza a comer y beber peor, tiene fiebre, pierde masa muscular y, al fin y al cabo, no le apetece trabajar ni salir del box.
EL PREMIO DEL REPOSO
La tradición de hacer descansar a los caballos los meses de invierno para que estén con más ganas en la temporada siguiente se impone como norma y tiene buenos argumentos. Nadie se lo merece más que un buen ejemplar que tantas alegrías ha dado a lo largo del año y que ha ganado una buena bolsa económica con su sacrificio en la pista. Además, siempre se ha dicho que estos descansos contribuyen a una mayor longevidad del equino. Imaginemos un caballo de concurso de 16 años que necesita tomarse un respiro después de un apretado calendario. Lo mejor será darle un pequeño descanso —unas semanas saliendo al campo sin concursar— para que no pierda totalmente la forma y haga lo mínimo para recuperar las ganas para iniciar otra racha de triunfos. Otro ejemplo es si el caballo ha tenido una temporada repleta de pruebas, con viajes internacionales y grandes premios. Entonces, puede necesitar tres semanas en el prado y otros dos meses o tres de trabajo sin concursar para volver fresco y “liquidar” a sus rivales.
MANTENER LA FORMA
La extensa temporada competitiva hace que muchos caballos se conformen con un periodo mínimo de descanso para renovar sus energías, aunque hay quienes aconsejan regular su tiempo de inactividad, incluso, si hace falta, sin dejar de competir durante todo el año. Esto obliga a preparar el caballo justo por debajo de su forma física óptima. Se afinará durante el concurso y cuando termine de competir estará todavía con ganas y confianza para afrontar otra prueba. Cuando esto sucede, no hace falta descansar el caballo por un largo tiempo. Se debe aprovechar el bienestar del ejemplar compitiendo con frecuencia, vigilando siempre que no se pase de forma. Hay que pensar que un caballo físicamente mal, bien por un descanso escaso o inadecuado, puede perder su autoconfianza y su competitividad, en algunos casos para siempre. De ahí, que no hay que subestimar lo peligroso que es pasar un caballo de forma. También es cierto que hay muchos equinos que necesitan “activarse” durante todo el año para mostrar su verdadero potencial. El hecho de tener el caballo en una buena forma física es positivo y puede aumentar su rendimiento para las disciplinas técnicas así como prevenir importantes lesiones.
LOS EXCESOS SE PAGAN
El deseo del triunfo, las exigencias de los propietarios, la matemática de las estadísticas y los compromisos institucionales pueden, a veces, jugar malas pasadas. Creer que se puede exprimir más a nuestro ejemplar es la peor de las recetas. Eso ocurre con las disciplinas que no se detienen durante todo el año. Dos ejemplos son el rejoneo y el turf. Especialmente, esta última, que desde la reapertura del Hipódromo de La Zarzuela, en octubre de 2005, cuenta con un profuso programa de carreras que incluyen jornadas durante todo los domingos del año, jueves incluidos en los meses de junio, julio y agosto. Todo para satisfacer sus compromisos con Loterías y Apuestas del Estado en el desarrollo de las dos apuestas nacionales: Quíntuple Plus y la Lototurf.
La responsabilidad que tomó hace años, primero, Mijas y, después, el Hipódromo de Dos Hermanas para organizar temporadas de carreras en pleno invierno contentó a los propietarios españoles y extranjeros, quienes huyendo del frío encontraron refugio para sus caballos bajo la agradable temperatura andaluza. Hoy, en cambio, el elevado número de carreras para la corta cabaña española —en pleno proceso de expansión— y los bajos repartos de premios ocasionan más de un problema para dar con el mínimo de purasangres que, domingo sí y otro también, se necesitan para completar un programa digno que sirva para la quinielas hípicas.
DE AÑO EN AÑO
El Hipódromo de San Sebastián es un claro ejemplo de descanso total. En estos momentos, gestionado por la empresa privada Hipódromos y Apuestas Hípicas de Euskadi, S.A., sólo celebra carreras de caballos en verano, del mes de julio a la primera semana de septiembre. Durante el resto del año sirve como lugar de entrenamiento y de reposo de los caballos. También gestiona su actividad ecuestre, habilita bajo la tribuna principal un local de apuestas de las carreras internacionales y acoge algunos eventos deportivos como son el concurso de saltos internacional o las carreras atléticas.
A CADA LADO DEL ATLÁNTICO
Si hay una disciplina ecuestre que no se detiene en el orbe hípico es el rejoneo. La Feria del Pilar pone, extraoficialmente, el punto y final a la temporada en el mes de octubre. Es entonces cuando los caballeros preparan sus monturas para iniciar, en noviembre, la campaña americana que les llevará, bien entrado el año, hasta que se citen de nuevo en territorio español con la Feria de la Magdalena, a finales de febrero. Jóvenes caballeros ansiosos por hacerse un hueco y rejoneadores consagrados acuden a las plazas mexicanas, peruanas, colombianas y venezolanas; unos, tal vez, para retomar una temporada interrumpida por lesiones, cogidas o pocas oportunidades, y otros, para continuar una exitosa campaña a la que sólo una cuadra muy extensa o muy bien preparada puede responder.
1. Introducción
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