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¿ES NECESARIO EL HERRAJE?

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¿ES NECESARIO EL HERRAJE?

El Mundo del Caballo nº 073

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1. Introducción

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¿LA CÓRNEA DEL CABALLO CRECE CONSTANTEMENTE?: VERDADERO
El casco de un caballo es una especie de caja o funda córnea que recubre y protege el hueso del pie, una parte del hueso de la corona y el hueso navicular, todo envuelto en un conjunto de diversos tejidos muy vascularizados. Como ocurre con las uñas en los humanos, esta córnea también crece constantemente, a razón de un centímetro al mes como media. El rodete principal, situado a nivel de la corona, asegura la producción de córnea, pudiendo ser ésta negra o blanca. El rodete perioplico, por su parte, segrega el perioplo, una fina capa de córnea lo suficientemente mullida como para proteger la pared contra la humedad y el desecamiento. Un mínimo de cuidados, sin embargo, son necesarios para que los pies se conserven en buen estado: para ello, es necesario limpiarlos antes y después del trabajo. Se necesita un herraje regular y un mantenimiento exhaustivo. Así, una o dos veces por semana, pueden untarse los cascos con grasa. Y es que ya lo dice el refrán: “sin pie no hay caballo”.

LAS MANOS NO TIENEN LA MISMA FORMA QUE LOS PIES: VERDADERO
Al observar detenidamente las diferencias entre pies y manos de un caballo, el enunciado de esta ficha se hace evidente. Las extremidades anteriores tienen una forma más redondeada que las posteriores. Vista de perfil, además, la pared de un pie está algo menos inclinada (30º respecto a la vertical contra 45º de una mano), los talones son algo más altos y la suela, más hueca. En consecuencia, los hierros anteriores y posteriores ¡no son intercambiables!

EL PIE DEL CABALLO NO TIENE PARTES BLANDAS: FALSO
Aunque suele ser muy duro y resistente, el pie del caballo también cuenta con zonas muy sensibles. Los tejidos blandos esconden numerosas terminaciones nerviosas. Ello es lo que permite al équido adaptarse con seguridad a todo tipo de terrenos, incluso en la más absoluta oscuridad. Pero, también, es lo que provoca que parezca que éste está pisando huevos cuando se desplaza sobre un camino lleno de piedrecitas. Pese a las apariencias, el casco tan solo cuenta con unos pocos milímetros de grosor. Por ello, es interesante ver cómo se las apaña el herrador para clavar sus clavos. Procura que éstos encajen dentro de esta pared. Y es gracias a su forma afilada como vuelven a salir hacia el exterior por el lado bueno, claro está. Si los clavaran del revés, directamente se inyectarían en carne... algo muy molesto para el caballo. Es por ello por lo que un herrador debe seguir una completa formación antes de dedicarse de lleno a herrar a un équido.

EL HERRAJE ES OBLIGATORIO: FALSO
El objetivo del herraje es permitir un buen uso del pie del caballo sin que se produzca un desgaste excesivo, facilitando que el ejemplar pueda acceder a los más variados terrenos sin sufrir daño alguno. Es lógico, en consecuencia, herrar a los équidos que realizan mucho trabajo diariamente, y más si lo hacen sobre superficies distintas. Por el contrario, cuando un caballo está en reposo, y salvo patología, no será necesario que lleve herraduras. El ejemplar que vive en libertad desgasta naturalmente sus cascos a un ritmo no perjudicial. Ello no ocurre cuando las exigencias son mucho más duras, lo que provocaría un mayor desgaste de la córnea de lo necesario. Los caballos que viven en una explotación ganadera, por ejemplo, no llevan herraduras aunque sí se les garantiza un recorte y mantenimiento periódico de sus cascos. Muchos ponis, por otro lado, evolucionan bien sin un herraje, a condición que no se les fuerce a recorrer muchos kilómetros. Un ejemplo clarificador: una semana en ruta puede bastar para desgastar una herradura nueva. El peso del ejemplar así como su forma de andar serán determinantes para acotar la vida útil de este elemento.

LA RANILLA CONTRIBUYE A AMORTIGUAR LOS IMPACTOS: VERDADERO
Al limpiar los cascos de un caballo es imposible no detenerse a observar la ranilla. Y puede asaltarnos la siguiente pregunta: ¿para qué sirve esta especie de protuberancia blanda? Pues bien, es un excelente amortiguador. Y desempeña un papel esencial en el funcionamiento de los pies. Veámoslo: 1.Cada vez que el caballo apoya un pie el hueso desciende en el casco. 2.Al descender, aplasta el cojín plantar (especie de cojín situado entre el hueso y la ranilla). 3.Dicho cojín se apoye a su vez sobre la ranilla. 4.Atrapado entre el hueso y la ranilla, el cojín se ensancha, empujando la pared sobre los costados. En consecuencia, así es como, a cada paso, el pie puede amortiguar los impactos, con la condición, eso sí, de que la ranilla disponga de apoyo sobre el suelo. Si no es así, su papel queda mucho más reducido. Los impactos no quedan amortiguados repercutiendo sobre las articulaciones. Para permitir que la pared se ensanche, las herraduras no llevan hierros en la trasera.

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