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FIESTAS POPULARES ¡YA GALOPA EL CARNAVAL!

El Mundo del Caballo nº 072

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El Carnaval se ha festejado a lo largo de la historia de diferentes formas. Muchas se han ido perdiendo con el tiempo, pero aun quedan algunas que recrean tradiciones ecuestres: disfraces, desfiles y caballos para vivir la fiesta popular más alocada del año.

Llega el Carnaval. O sea, el mundo al revés, donde reina la negación de lo cotidiano, se suspenden los tabúes y las prohibiciones y se permiten todos los excesos. Ha sido así desde siempre. Pero con el tiempo se ha convertido en una fiesta popular de carácter lúdico que responde a los propósitos y gustos de nuestra sociedad consumista. De ahí, que se agradezca que aún muestre, entre tanto desenfreno y alocamiento, viejos vicios de la que fue una de las mejores manifestaciones de regocijo popular en la cultura tradicional europea.Y dentro de esta algarabía popular que se vivirá este mes de febrero, la familia ecuestre siempre ha desempeñado un papel determinante en muchos lugares y manifestaciones. Lo ha hecho a lo largo de la historia y de las más variadas formas en muchos puntos de Europa: torneos, justas, parodias, obras teatrales y un sinfín de curiosidades con el caballo como elemento vivo de esta fiesta popular.

LA FIESTA EN SI
El Carnaval, cuyo origen se remonta a los Saturnales romanos por los alborotos y licencias populares que la caracterizaban, es la fiesta popular que se celebra en los tres días que preceden al ciclo litúrgico católico de la Cuaresma y que se manifiesta por sus algaradas, comparsas, mascaradas y bailes que en ella predominan. De origen pagano, resurgió en Italia durante la Edad Media y, de ahí en adelante, se ha venido festejando a través de numerosas variantes y representaciones. Desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XVIII, por tanto durante la Edad Moderna, fue una fiesta propia de la cultura popular europea, es decir, de la cultura de los grupos que no formaban parte de la élite. Estas clases subordinadas (artesanos, campesinos, pastores, etc.), celebraban las fiestas oponiéndose a lo cotidiano y parodiando y satirizando el mundo que les rodeaba. La estación del Carnaval comenzaba en enero, en algunas ocasiones a finales de diciembre, y se iba haciendo más excitante a medida que se acercaba la Cuaresma. El lugar privilegiado para su celebración eran las plazas abiertas de la ciudad: la de Notre-Dame en Montpellier; la plaza del mercado que rodeaba el ayuntamiento de Nuremberg; la de San Marcos en Venecia, etcétera. Como un juego de ciudadanos, el Carnaval se lanzaba y desplegaba por la ciudad como una cabalgata desenfrenada que divertía a todos. Los espectáculos que más caracterizaban a los carnavales eran tres principalmente:
- Las procesiones: carrozas repletas de gentes disfrazadas de gigantes, dioses, demonios y otros personajes. Las más famosas las de Nuremberg y Florencia.
- Las competiciones: carreras ecuestres, en círculo y pedestres. También se celebraban justas o torneos.
- Las obras teatrales: farsas, como los asedios a los castillos en Italia, los juicios en Francia, los sermones en España o la labranza en Alemania. En los tres el caballo tenía participación activa, aunque la documentación ha reflejado con mayor y mejor rigor la segunda de ellas.

TORNEO Y JUSTAS
Los populares juegos de caballería se convertían para las clases populares en uno de los grandes objetivos durante las fiesta del Carnaval. Imitaciones, parodias -más o menos bufas, que rozaban la ridiculización- de los torneos y justas se repetían en muchos lugares de Europa como muy bien han quedado testimoniadas. En 1438, la población francesa de Valenciennes participaba en las justas de Lille disfrazada de hombres salvajes, con sus escudos y gruesos garrotes y sus caballos ataviados como bestias extrañas, con pieles ennegrecidas y otros con plumas de pájaros. En la localidad belga de Gante, hacia 1450 los hombres se provocaban con varas, piedras e, incluso, pértigas de pescar. Los jinetes hincaban los talones a los caballos ante la carcajada general. En Bolonia (Italia), en 1506 se enfrentaron “Carnaval”, sentado sobre un caballo gordo, y “Cuaresma”, sobre uno delgado, los dos rodeados por una formación de jinetes. La parodia no solo era representada por las clases populares. A las clases privilegiadas a veces les gustaba recurrir a estas competiciones para parodiar el orden social caballeresco establecido.

EL MUNDO AL REVÉS
Invertir el orden normal de las cosas era el objetivo principal y representarlo, la máxima satisfacción. La explicación a que el Carnaval tomase esta forma tan particular se justifica en un periodo de desorden institucionalizado, con un conjunto de rituales sobre el mundo al revés. Le monde reversé, il mondo a la rovescia, Die verkehrte, permitía ver escenas increíbles: el caballo trotando hacia atrás, el jinete encarado en la cola del animal o el caballo disfrazado de herrero y calzando a su dueño. A veces, incluso pasaba hasta en la vida real: cuando en 1525 los campesinos asaltaron en Heilbronn la sede de una orden teutónica forzaron a los caballeros a cambiar su rol con ellos, como si de un mismo Carnaval se tratase: los invasores celebraban el banquete y los caballeros permanecían rígidos alrededor de la mesa y con el sombrero en la mano. Más ridiculización durante el Carnaval: las carreras de caballos donde ganaban los últimos que cruzaban la meta, los torneos a lomos de los asnos, las escenificaciones del rey caminando y el campesino a caballo.

NUEVAS CABALGADAS
Ya desde el siglo XVIII, el Carnaval italiano, con sus máscaras estereotipadas y amaneradas, era aceptado y celebrado en los bailes de la alta sociedad. Cada vez más, las clases sociales se incorporaban a esta fiesta, intentando acabar con la tradición popular que heredaba. El testimonio de muchas manifestaciones que han sobrevivido al paso de los años y a los nuevos hábitos, y que tienen al caballo aún como protagonista, está aun presente en muchos puntos de España. El caballo, zaldi en euskera, tiene un papel predominante en el País Vasco por su fuerte carácter mitológico. Así, no extraña que tenga un gran papel en los carnavales vascos. En Soule, en el País Vasco francés, el personaje más importante en las populares mascaradas suletinas es Zamalzain (guardian del caballo), figura que representa a un hombre montado a caballo. Va metido en un armazón rectangular de madera que se ciñe a la cintura y representa un caballo con faldones. La parte superior redondeada del caballito va recubierta de un tejido rojo adornado.

En la parte anterior se alza la minúscula cabeza del caballo y del perímetro cuelga un gran volante de encaje que oculta las caderas y los muslos del portador. El hombre sostiene un látigo y agarra el cuello con la mano izquierda, para imprimir así el maniquí unos movimientos acordes con los pasos de su danza (abajo y arriba), evocando el andar propio de un caballo que cocea o se encabrita. La fiesta acaba con el intento de herrarlo, cuando los kerestuak (captadores) lo castran, provocando un último y alocado baile. El origen de las mascaradas de Soule, según la escritora inglesa Violet Alford, se encuentra en la creencia mítica del Zamari Churia (El Caballo Blanco), encarnado por el espíritu del grano. Para ella, mientras “las muchachas lo vitorean, todos los demás se dedican a saltar y a baliar”. Otra representación es la que se celebra en la localidad navarra de Lanz. Todos los lunes de Carnaval, los personajes de la mascarada de Lanz toman las calles para disfrutar en directo de una de las más auténticas expresiones del carnaval tradicional. El obeso Ziripot, el huidizo y nervioso hombre-caballo Zaldiko, los herreros, txantxos y mozorros recrean su desfile lleno de magia y color, que concluye con la quema ritual del gigante de paja Miel-Otxin. Impresionante Zaldiko, quien a altura de las caderas porta un armazón de madera con una extremidad delantera en forma de esquemática cabeza de caballo, y otra extremidad trasera de la que sale el pelo de la cola de un equino, realizando sus cabriolas antes de ser herrado. Hay muchas más. Viana del Bollo (Orense) centra su carnaval en la enfermedad de una mula, hecha de paja o cartón, con cabezada y ramal, llevada por dos hombres colocados bajo una manta. Andratx, Vilanova i la Geltrú, Durró, Cotobade, Salcedo y muchas otras localidades son testimonio de las parodias ecuestres en sus carnavales. Y son muchos los recintos hípicos (hipódromos, picaderos, etc.) que aprovechan el Carnaval para organizar su concurso o carrera y clausurar la competición con una fiesta por todo lo alto.

ENCIERRO CARNAVALESCO EN CIUDAD RODRIGO
El Carnaval del Toro puede ser considerado el más antiguo de España. Hay un documento de la época de los Reyes Católicos que así lo demuestra. Se trata de la fiesta más importante de Ciudad Rodrigo (Salamanca), que atrae a miles de visitantes de todo el mundo durante la semana más intensa del año en la antigua Miróbriga. Lo que llama la atención es la mezcla entre los actos taurinos y los disfraces. Este contraste hace del Carnaval mirobrigense uno de los más originales del mundo. Encierros a caballo, capeas, corridas y el Toro del Aguardiente forman parte de una tradición centenaria de la que participan, cada vez con más frecuencia, personas venidas de todas las partes del planeta. En Ciudad Rodrigo los disfraces tienen su día grande el sábado de Carnaval. El Teatro Nuevo mirobrigense es el escenario donde se celebra el Baile de Disfraces. Allí se premia el traje más original en las diferentes categorías. El martes de Carnaval se corre el Toro del Aguardiente. Dicen que la persona que, después de más de una semana de fiesta, se atreva a correr delante del toro habrá sido un valiente y habrá disfrutado del Carnaval de Ciudad Rodrigo. Pero el plato fuerte del Carnaval de Ciudad Rodrigo es, sin duda, el espectacular Encierro a Caballo: desde las dehesas vecinas, expertos caballistas y garrochistas conducen a los toros bravos hasta la ciudad. El espectáculo de ver a los jinetes a lomos de sus caballos y a los toros correr a través del campo es algo impresionante. Todo, del 16 al 20 de febrero.

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