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GANAR O NO GANAR
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1. Introducción
Después de más de siete años recorriendo mes a mes algunas de las innumerables ganaderías existentes en nuestro país, era hora de hacer un breve alto en el camino a fin de valorar, siempre con una visión neutral y objetiva, lo que representa la figura del ganadero en este apasionante mundo del caballo.
Según el Diccionario de la Real Academia Española se denomina ganadero a la persona dueña de ganados, que trata en ellos y hace granjería, como primera acepción y como segunda, simplemente (y que no es poco) a la persona que cuida del ganado. No creo que hasta aquí se haya descubierto nada nuevo.
Pero lo curioso de la palabra viene cuando a las dos acepciones académicas se le une una tercera que propuso, a modo de broma y enriqueciendo más, si cabe, nuestro rico vocabulario, un ganadero andaluz de renombre afincado lejos de su tierra natal. Mientras visitaba sus modélicas instalaciones soltó un expresivo y significativo ¡Ea¡¿ Tu sabes de dónde viene la palabra ganadero? En aquel momento y sin pestañear le indiqué las dos acepciones del sustantivo que recoge el citado diccionario.
Me miró fijamente y después de un ¡universitarios! en tono casi despectivo, espetó: Ganadero viene de ganar y es para ganar para lo que todos estamos metidos en el ajo. ¿Qué les parece? De esta anécdota han pasado más de seis años, o sea, que me encontraba al principio de la andadura de esta aventura ecuestre mensual y pensé que un concepto como el de ganadero no podía reducirse a algo tan simple. A partir de aquel momento, ya en sobre aviso, empecé a ver todo este mundo de una manera menos “ideal” y mucho más práctica.
DEL DICHO AL HECHO...
Cuando se ha tenido la oportunidad de hablar abiertamente con ganaderos (y en este tiempo lo habré hecho con más de 500), acerca de los pormenores de sus instalaciones, del por qué de unos ejemplares y no de otros, del tipo morfo-funcional que buscan dentro de sus boxes y cercados y de tantas y tantas otras cosas que les ocupan y preocupan, uno va dándose cuenta, básicamente, de dos cosas: la primera es que para todos la cría caballar, supuestamente, es sólo un pasatiempo o, para ser más exactos y utilizando la palabra sajona (todos la utilizan), un hobby, que les hace liberar las tensiones acumuladas en sus quehaceres diarios y en sus obligaciones profesionales que al fin y al cabo son éstas las que les dan de comer. Pero, después de analizar la supuesta primera motivación, sobreviene la segunda y, a mi entender, fundamental: a nadie le gusta tirar o desperdiciar su dinero y, menos aún, no he encontrado ningún ganadero que en su hobby no le importara el beneficio, ni que sea mínimo, pero beneficio al fin y al cabo.
Al principio el beneficio se “reduce” a lo comido por lo servido, eso es, que como mínimo lo que se “saque” de la venta, sirva para el mantenimiento de las instalaciones. Una vez logrado este extremo, viene el segundo nivel de “exigencia”, siempre dentro del supuesto pasatiempo, y que no es otro que el de rentabilizar alguno de los servicios que requiere una instalación, por pequeña que ésta sea, o lo que es lo mismo, que las tareas del herrador, del veterinario y, como no, del personal que está al cargo de la ganadería, pueda “salir” de la venta de alguno de los “productos” del año.
OBJETIVO: ¿NO PERDER?
Antes de seguir, déjenme que teorice acerca de una máxima que algunos empresarios defienden y que, sino es una falsedad, como mínimo es una inexactitud. Dejar de ganar, no es sinónimo de perder.
Pues no perder, simplemente eso (lo de simple, es un puro eufemismo), es lo que persiguen los ganaderos en nuestro país (me consta que los de fuera de nuestras fronteras, también, faltaría más) y es por lo que luchan día a día a fin de que sus instalaciones, si bien no les retiren delos quehaceres de los que les hablaba, no les supongan un lastre difícil de arrastrar.
Poco a poco todo, absolutamente todo lo relacionado con el mundo del caballo se va profesionalizando, ¡y lo que nos queda por andar! En algunas instalaciones, sobre todo en aquellas en la que la tradición es el santo y seña (no hace falta citar ejemplos, ¿verdad?) aún podemos ver la figura del venerable yegüero o del respetable mayoral, pero acto seguido vemos al herrador de la explotación diplomado por el colegio europeo o americano, el veterinario, dedicado full time (a jornada completa) a la ganadería y que además de las tareas inherentes a sus estudios, ha ampliado sus miras y ha entrado de lleno en temas de reproducción, sin olvidar los mozos de cuadras y demás personal subalterno y vital para el buen funcionamiento del negocio que, al fin y al cabo y confesado por prácticamente todos los ganaderos con los que he tenido la oportunidad de hablar, además de no gustarles perder, les gusta ganar.
EVOLUCIÓN EFECTIVA
El hecho de que esta revista lleve “sólo” siete años en la calle no es óbice para que, quienes de una manera o de otra la realizamos y los que, mucho o poco, participan en su elaboración, llevemos muchos años más en contacto con el caballo y todo lo que le rodea.
De un tiempo a esta parte (digamos entre diez y quince años), la evolución ha sido espectacular. En algunas áreas, la progresión ha sido efectiva y se ha ido manteniendo el nivel (lo que no es nada fácil). En otras, por desgracia, ha habido “arranque de burro y parada de caballo” o lo que es lo mismo, parecía que se tocaba el cielo y, a la fin y a la postre, se volvía a lo de siempre, el quiero y no puedo o, en estos casos, no sé.
Mucho han evolucionado los ganaderos de hoy en día. En múltiples casos, no ha habido otro remedio, pero, a la vista está, aquellos que han subido al tren, el destino les ha premiado. Por el contrario, aquellos anclados en el pasado y en aquella desdeñable máxima del “siempre se ha hecho así”, siguen allí donde estaban cuando sus padres y sus abuelos defendían estas teorías, pero, no nos engañemos, eran otros tiempos. Sea como fuere, los ganaderos españoles, independientemente de la raza de la que se hable, han sabido dar el paso al frente necesario a fin de alcanzar objetivos, muchos de los cuales, ni ellos mismos hubiesen imaginado.
1. Introducción
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