ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos J. I. Castello
1. Introducción2. Más información
Fondo, valor, resistencia y coraje. Virtudes, todas ellas, que nunca son pocas cuando se trata de afrontar los 30 obstáculos de la carrera de caballos más popular del mundo: el Grand National.
Un total de 30 obstáculos, 16 en la primera vuelta y 14 en la segunda. Una distancia de 7.200 metros; según las medidas británicas, 4 millas y 856 yardas. Casi 10 minutos de carrera; más bien unos nueve y pico como marca habitual. Y 40 purasangres, de entre 6 y 15 años, en plena lucha para ver quién cruza primero la meta. O sea, tocar el cielo como bien se pueda. Así es el Gran National, la carrera más dura del mundo, la que más dinero mueve y la que más expuesta está a la suerte. No tiene más explicación.
Esta “celebérrima carrera”, como la denomina el filósofo Fernando Savater en su libro A caballo entre milenios, reúne, cada primer sábado del mes de abril, a millones de espectadores frente al televisor esperando perder la cuenta de las múltiples caídas que se suelen producir en alguno de los saltos de los interminables 7.200 metros del hipódromo de Aintree.
Y es que, aunque no se trata de contabilizar el mayor número de desplomes, sí es cierto que son éstos los que mantienen la grandeza y popularidad del más prestigioso enfrentamiento de steeplechase del mundo. En efecto, su reputación es tal que si alguien solo ha visto una única carrera de caballos en toda su vida, ésta no será otra que la celebrada en Liverpool.
Una prueba que se escribe en 10 minutos interminables de galopes y saltos sobre unas impresionantes vallas de abedul –que se ponen y se sacan exclusivamente para la carrera–, y que reportan la gloria y la fama eternas a quien las supera y llega primero a meta.
El Grand National es un espectáculo plástico que va más allá y que ha sabido adaptarse al paso de los tiempos sin perder la épica de siempre. Ahí está su mérito. Ha sobrevivido a tortuosos acontecimientos que pusieron en duda su continuidad. Ha superado difíciles momentos y se ha incorporado a los nuevos tiempos con un rejuvenecido espíritu hípico sin renunciar a sus señas de identidad: tres días de carreras, turismo internacional, concursos de moda, apuestas por Internet y restaurantes de cinco estrellas.
MITO Y LEYENDA
Esta carrera de obstáculos celebra este año su 161ª edición. Para remontarse a la primera cita hay que ir hasta la primavera de 1839, cuando Aintree, el hipódromo cercano a Liverpool, era un erial en el que incluso se saltaba un muro de piedra (hoy convertido en salto del agua) y se recorrían varias huertas hasta llegar a dos vallas de madera que hacían las veces de meta. El primer ganador se llamó “Lottery”, y desde entonces, año tras año, el mundo contiene la respiración a cada salto de los 40 héroes que se atreven con la carrera. Víctimas y hazañas escriben las páginas de esta mítica prueba.
Desde el primer National, no hay año que pase sin que se produzca un dramático capítulo en alguno de sus famosos saltos. Hasta el punto que la imagen de los caballos desperdigados y agonizando en la misma pista ha provocado las quejas de las asociaciones protectoras de los animales.
Pero, de momento, poco han conseguido de la organización, más preocupada por prolongar el mito del caballo “Red Rum” (único triple ganador del acontecimiento) y por evitar desagradables incidentes como los vividos en 1993, cuando el juez Keith Brown se equivocó en la salida, o, todavía peor, en 1997, cuando la prueba hubo de ser suspendida por amenaza de bomba del Ejército Republicano Irlandés (I.R.A.). Hay otras historias. Como la protagonizada en 1956 y que hace dos años se recordó por su 50 aniversario. Fue cuando el jinete Dick Francis había saltado la última valla destacado en cabeza y se fue hacia la meta con aire de fácil vencedor. Ya sin obstáculos por delante, su caballo, “Devon Loch”, propiedad de la Reina de Inglaterra, dio un torpe brinco en el aire y se desplomó en el suelo. El sueño de Francis se acabó ahí inexplicablemente. Su carrera hípica, también.
TRIPLE JORNADA
El Grand National transcurre durante tres días. De jueves a sábado. La primera jornada es un aperitivo en el que se corren carreras de menor nivel. Pero sirve para calentar el ambiente, que irá en aumento.
El viernes es un día tradicionalmente asociado al glamour y la belleza, ya que es el “Ladies Day”. Las faldas y los sombreros inundan de color el hipódromo de Aintree, mientras un jurado elige a la dama más elegante y le hace entrega de un lujoso coche como premio.
El gran momento es el sábado, el día de la carrera, con 150.000 almas presentes allí. Los “bookies”, es decir, los corredores de apuestas locales, se desgañitan mientras escriben las cotizaciones en pizarras portátiles. Las casas de apuestas online disparan sus cotizaciones segundos antes de la salida. Y los caballos se dejan el corazón en cada zancada, prefiriendo morir antes que verse superados, como si la vida les fuese en ello. De ahí, aparte de la pericia del jockey o de la amazona, la importancia de las características del caballo. Éste debe tener fondo, valor, resistencia, aptitud para el salto y la necesaria velocidad para que la distancia de 494 yardas (451 metros) que separa al que salta en cabeza de la última valla del poste de llegada no se convierta en un lastre que le impida llegar el primero a meta. Además, algo de suerte, siempre es necesaria en Aintree.
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