ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Adolf Cabané
1. Editorial
Hablando con un ganadero, éste me hizo una apreciación o, mejor dicho, me expresó una idea que le rondaba por la cabeza desde hacía ya bastante tiempo y que consistía, nada más ni nada menos que cruzar ejemplares de razas distintas.
Si uno bien lo mira, esto es algo que desde tiempo inmemorial se viene realizando ya que si no ¿qué es un caballo hispano-árabe? ¿y un angloárabe? La cuestión en la que pensaba el ganadero era en cruzar “nuestro” Caballo Español con ejemplares de Pura Raza Lusitano. ¿Qué les parece? A mi, personalmente, me parece una excelente idea a fin de lograr caballos funcionales, morfoloógicamente armónicos y con una variedad de capas casi infinitas.
Pero visto cómo está el panorama ecuestre español, sobre todo en lo que se refiere a la inscripción de los ejemplares de nuestra raza, la tenencia de libros genealógicos, stud book y demás temas, casi lo mejor, de momento es “no meneallo”. A mi modo de ver, somos poco atrevidos.
Una cosa es la experimentación y otra cosa muy distinta, intentar mejorar algunos aspectos de, en este caso, dos razas. De hacerlo, no se crean, no seríamos los inventores de nada. Todo está inventado y en temas de reproducción animal más y desde hace mucho tiempo. Sólo hace falta que miremos hacia el norte y podremos darnos perfecta cuenta de este extremo.
Silla francés, Silla belga ... No sólo cruzaron ejemplares de más de dos razas, sino que además de obtener caballos de funcionalidad extraordinaria, les han identificado con el gentilicio de su país. A esto se le llama dedicación y atrevimiento pero siempre, como les decía, por una causa noble y tratando de mejorar los defectos que una raza pueda ir arrastrando por el paso de los años. Sé que ésta es una cuestión delicada.
También debo decirles que no es mi intención soliviantar a nadie. Sencillamente es hacer una reflexión a partir de una idea utópica de un ganadero y por lo que he podido observar haciendo esta misma pregunta a otros ganaderos de P.R.E. “de toda la vida”, no es la primera vez que alguien piensa en esta mezcla ibérica, lo que pasa es que, “a micrófono cerrado”, nos sentimos valientes y decimos algo que en el momento de “salir al aire”, negamos haber dicho. Sea como fuere y por si a alguien le apetece seguir dándole vueltas, ahí queda la idea y la reflexión sobre algo que, insisto, no me parece en absoluto descabellado.
1. Editorial
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