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INVENTORES ¿DE QUÉ?

El Mundo del Caballo nº 076

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1. Editorial

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A aquellos que tienen la costumbre (no sé si buena o mala, allá cada uno con su conciencia) de leer mis editoriales mensuales, habrán reparado en la importancia que le doy a la evolución de todo lo relacionado con el caballo en nuestro país. También desde esta misma ventana he hecho hincapié acerca de lo fundamental que es que la evolución sea sostenida y con una buena base puesto que, como ha sucedido en otros campos, la inicial subida llena de efervescencia desencadena, con el paso del tiempo y debido a una mala fijación, una bajada sin freno y que no pocas veces acaba con todo.
A mayor abundamiento, visitando un ganadero reputado dentro del ámbito de la cría caballar en España me espetó, sólo llegar, una sentencia tajante: no se por qué criamos caballos, si en España lo que sobran son, precisamente, caballos. Les mentiría si les dijese que estas palabras no me han hecho reflexionar. Es más, desde que las oí, parece como si retumbaran en mi cabeza tratando de buscarle el sentido positivo a tal afirmación y la verdad es que me cuesta. ¿Acaso ahora que empezaba a despegar lo caballar vamos a “morir de éxito”? ¿Por qué nos cuesta tanto copiar lo bueno que se ha hecho en otros países hace ya muchos años y desechar lo que a ellos no les funcionó?
Hay que ver el empeño que tenemos, en general, en creernos los inventores de aquello que nos interesa. Nos lo tomamos como un reto personal, como algo que sólo nos compete a nosotros, sin querer dar pistas a nadie y, en no pocas veces, con nula información. Nos creemos los reyes del mundo y los pioneros y, con el paso del tiempo, recapitulamos, nos ponemos a pensar (craso error, ¡si lo hubiéramos hecho antes!) y nos damos cuenta primero, que nuestra supuesta invención tenía más años que el cartón-piedra y segundo, que alguien antes que nosotros ya lo había intentado y el resultado había sido nefasto para él. ¿Por qué nos cuesta tanto compartir experiencias y reconocer fracasos? La sinceridad con la que me hablaba el ganadero de la sentencia es, en este mundo también, rara avis. No todos estamos en posesión de la verdad. Algunos, casi nunca, pero además, cuando les oyes hablar, pontifican a cada frase que pronuncian. Debemos aprovechar el tirón que ha experimentado el mundo del caballo en España y ahora que aún estamos a tiempo de rectificar modos y conductas, tratar de enmendar lo que, pensando con la cabeza fría, vemos que no estamos haciendo bien. Sólo de esta manera, con humildad, sin prisa pero sin pausa, podremos ser ejemplo de algo positivo a los ojos del mundo.

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