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ISLAS BALEARES: LOCOS POR EL CABALLO
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos J. I. Castello
1. Introducción2. Más información
En el patrimonio balear se escribe la palabra caballo en letras mayúsculas. Razas, fiestas, carreras e instalaciones hacen que la tradición ecuestre no tenga límites cuando llegan las fiestas de San Juan.
Feria que se celebra, éxito que pasa. Así es como se resume en los últimos años las exhibiciones de caballos menorquines y sus concursos morfológicos en la isla de Menorca. La mejor pasarela para los miss y misters de la cabaña equina balear que, por el esfuerzo de criadores y propietarios, mantiene un indudable peso en el mapa hípico español. Es el mejor ejemplo de hacer bien las cosas. El progreso de la tradición hípica balear no tiene límites y a la gente no le cuesta nada darle la espalda a la playa cuando decide acudir a uno de sus patrimonios más queridos. No solo en las ferias. También en los hipódromos y en las fiestas, las otras dos grandes manifestaciones que convierten el caballo en el epicentro de la sociedad balear.
MANDA EL CENSO
En las Baleares los números cantan. En la carrera nacional de raza pura, esta comunidad obtiene la plata con un 71% de los 13.922 caballos censados por la Consejería de Agricultura del Gobierno Balear. Sólo Castilla La Mancha y su 79% consigue situarse delante. Números que demuestran que el aficionado de las islas es un sibarita que busca la especie pura, descartando cualquier presencia de caballos cruzados. El Menorquín, una raza que para algunos es verdadera “pata negra” entre las familias equinas, es la niña bonita de las islas. Con unos dos mil ejemplares censados y con un número de nacimientos consolidado en torno a los 130 potros al año. Y es que Baleares lidera en España el número de nacimientos de potros, con más de un millar en los últimos doce meses. Muchos de ellos terminan compitiendo en alguno de los seis hipódromos de las islas. Son Pardo, en Palma, celebra en un año más carreras que ninguna otra pista nacional. Es el centro de las pruebas de trote, un negocio que mueve miles de aficionados y millones de euros en una competición liderada por el caballo trotón, omnipresente en las islas con un 95% de los ejemplares que existen en el mundo. Pero volvamos a las razas. El Gobierno balear se ha hecho eco de la importancia que tienen los caballos de raza autóctona, y de ahí su interés para ayudar a su promoción y desarrollo”. Sobre todo para el caballo Mallorquín, la tercera de las razas autóctonas y la única que está en peligro de extinción, pues en la actualidad tan solo hay 227 ejemplares. También a ella, como a la menorquina, les irá bien que el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación haya reconocido a las asociaciones de criadores de caballos de las razas Anglo-árabe (A.E.C.C.A.á.), Caballo de Deporte Español (A.N.CA.D.ES.), Hispano-árabe (U.E.G.H.á.), Mallorquín (A.C.P.C.R.Ma.), Menorquín (A.C.P.C.R.Me.), Pura Sangre Inglés (A.C.P.S.I.E.), Pura Raza Árabe (A.E.C.C.á.) y Trotador Español (AS.TROT.), de conformidad con lo dispuesto en el Real Decreto 662/2007, de 25 de mayo, sobre selección y reproducción de ganado equino de razas puras, por el que se liberaliza el régimen de los libros genealógicos. Con este reconocimiento se equipara la raza equina al resto de especies y razas ganaderas, cumpliendo así con la normativa comunitaria relativa a la gestión de los Libros Genealógicos. El Libro Genealógico de una raza es un instrumento imprescindible para el desarrollo de un esquema de selección y mejora. La gestión del Libro Genealógico a cargo de las asociaciones de criadores afianza la responsabilidad asumida por los propios ganaderos en el avance hacia la mejora de la calidad y la competitividad de los productos.
AFICIÓN POR EL TROTE
La presencia del caballo en la sociedad balear no se limita a razas, criadores, ferias y concursos. El caballo también se transforma en las manifestaciones más variadas que uno pueda imaginarse. En deporte, por su afición a las carreras de trote enganchado, animando las jornadas hípicas que también cuentan con algunos concursos de saltos. En Menorca no existe fiesta popular sin sus caballos de pura raza, domados a la usanza de la isla. Un espectáculo digno de verse, ya sea en las propias fiestas o en los picaderos. Las carreras de trotones — que tienen sus raíces en las actividades agrarias— necesitan tan solo de un caballo (trotón) y un cabriol o sulky, el pequeño carro que se engancha al équido donde se sienta el jockey o driver. Es una de las formas más elegantes de correr: el ejemplar apoya en un tiempo su mano derecha y su pie izquierdo, y luego su mano izquierda y su pie derecho. El trote debe ser franco, amplio, activo y regular, elástico en sus trancos y con flexibilidad del dorso y buen arremetimiento de los posteriores. El ritmo, equilibrio y suspensión deben mantenerse constantemente. El Trotón Balear, una mezcla de yeguas trotonas, con caballos pura sangre ingleses, daneses, holandeses e incluso españoles, compite con muy buenos resultados en los hipódromos de las islas. Comienza a disputar carreras a los tres años y puede llegar compitiendo a un muy buen nivel hasta los 10 años. Cuando tiene tres y cuatro años sólo corre entre los de su generación y a partir de cinco años lo hace contra otros de más edad.
Esta raza y este deporte tienen vida en Baleares y se encuentra en uno de los mejores momentos de su historia. Aquí existen casi unos 58 conductores profesionales, 151 amateurs y unos 53 aprendices. Durante todo el año se celebran reuniones semanales en los hipódromos de Son Pardo (Palma de Mallorca) y Manacor, en la isla de Mallorca; Maó y Torre de Ram (Ciutadella), en Menorca; y Sant Rafel y Sant Jordi, en la isla de Ibiza. Dentro de las competiciones destaca el denominado Gran Premio Nacional, que se celebra el tercer domingo de mayo en el hipódromo de Son Pardo. Esta prueba clásica se remonta a 1934 y es cita ineludible para más de 20.000 aficionados. Reúne a los mejores binominos de tres años montados por jinetes nacionales e internacionales en lo que es la gran fiesta del trote isleño: una semana de actividades hípicas y de interesantes carreras que culmina el domingo con la prueba más esperada sobre la distancia de 2.200 metros y con 100.000 euros en premios a repartir entre los ocho primeros.
Agradecimientos a: Associació de Criadors i propietaris de Cavalls de Raça Menorquina, Fundació Destí Menorca
VIBRAR EN SANT JOAN
Emoción a flor de piel. Miles y miles de personas abarrotan cada mes de junio la plaza de la Catedral de Ciutadella (Menorca) para no perderse una de las fiestas populares españolas más universales: las Fiestas de Sant Joan. Una marea humana rodea a unos 175 jinetes y disfruta de los actos ecuestres que protagonizan los 235 caballos, la mayoría de raza menorquina. Estos juegos ecuestres consisten en romper las carotas, córrer abraçats al galope entre la multitud, y córrer s’ensortilla. En esta última suerte, el jinete al galope debe acertar un aro que cuelga de una maroma en Es Pla. La fiesta está protagonizada por los caixers, que visten de gala y representan los antiguos estamentos de la sociedad de Ciutadella. Así, el caixer senyor es el elegido por la nobleza, el caixer capellà es el representante del clero, el caixer menestral son los preferidos de los campesinos y el caixer fadrí, que debe ser soltero, hace las veces de aprendiz. El domingo anterior a San Juan es el día “d’es Bé”: un hombre representando al santo, cubierto con pieles de cordero, recorre las calles del pueblo invitando a todos a la próxima fiesta. El día 23, a las 14 horas, el flabioler, otro personaje montado en asno, acude a casa del caixer senyor y pide permiso para empezar la celebración. A partir de ese momento, las plazas de Born y Santa Clara se convierten en lugares atestados de gente entre la que varios jinetes caracolean con sus caballos encabritados al son del tradicional jaleo, momento cumbre y la parte más comercial de la fiesta por sus espectaculares imágenes. El gentío salta ante los caballos, los jinetes hacen encabritar sus monturas y las calles se llenan de animación y colorido. Los caracoleos consisten en piruetas sobre las extremidades posteriores que siempre acaban en una empinada, mientras los presentes tratan de asustar al caballo con gritos y palmadas en cualquier parte del cuerpo. Es en ese encabritarse, en ese “ponerse de manos” de los caballos empujados por la furia de los jóvenes que les provocan, donde reside la esencia y espectacularidad de la fiesta del jaleo. Las fiestas de Sant Joan de Ciutadella y los juegos medievales derivados de los torneos que se disputaban en la Edad Media dan paso a muchas otras fiestas que se celebran en otros pueblos de la isla de Menorca. En casi todas se incorporan los espectáculos ecuestres al programa de fiestas, dando lugar a unos importantes acontecimientos que han desembocado en el origen de la doma menorquina.
GUSTO POR LA DOMA
El caballo menorquín es sinónimo de fiesta y espectáculo. Cuando en los años ochenta se reglamentó la doma menorquina, se confirmó un estilo que se ha convertido en disciplina deportiva gracias a su reconocimiento por parte de la Federación Balear de Hípica. Esta disciplina contempla los aires naturales del caballo (paso, trote y galope), y los característicos y diferenciadores como el bot (salto), la elevación del caballo sobre las patas traseras, y los movimientos menorquines, la rotación en esta posición. La monta menorquina es una modalidad de monta a la jineta, caracterizada por sujetar las riendas con la mano izquierda. Curiosamente, en Menorca, esta modalidad recibe el nombre de anar de brilla. Este estilo de monta se ha mantenido reducido en el ámbito de manifestaciones ecuestres con una fuerte tradición, como es el caso de la doma menorquina y la doma vaquera. Al contrario, el otro tipo de monta en la que el caballo se guía con dos manos ha evolucionado con el paso del tiempo y se utiliza en la equitación deportiva y académica actual. El estilo de montar utilizado en un viejo juego llamado Joc de les Canyes (juego de las cañas) ha llegado hasta nuestros días a través de la fiesta, la guarnición de los caballos, el bocado d’avellanes o de un bocado fuerte y la forma de sujetar las riendas. La doma menorquina tiene sus orígenes, por tanto, en estas fiestas populares de Menorca, y ha extendido su práctica a actividades de paseo, concursos y otros espectáculos. Es tan grande su expansión que, desde hace unos años, las agrupaciones de la isla más oriental de Balears realizan pequeñas estancias en Ibiza para exhibir su destreza sobre una montura. Ahora, un grupo de jóvenes jinetes menorquines se ha animado a dar un paso más y quieren convertir su espectáculo de doma en un reclamo estable en la mayor de las Pitiusas. O sea, otro ejemplo de pasión hípica.
DEL MALLORQUÍN AL MENORQUÍN
La raza autóctona mallorquina tiene su origen en el sur de Francia y está arraigada a las islas desde el siglo XIII, con la conquista de Jaime I. Vinculado, principalmente, al uso agrícola, el caballo mallorquín es un ejemplo de altura media, de pecho ancho, musculatura fuerte, cabeza alargada y de lustrosa capa negra. Utilizado habitualmente como caballo de desfile y para el enganche, puede ser contemplado en las exhibiciones protocolarias de la Sección Montada de la Policía Municipal de Palma. Es una raza reconocida desde el año 1989 por la Jefatura de Cría Caballar y con un censo muy débil, que hace peligrar su futuro. Con idéntico origen que el caballo mallorquín, el menorquín es el resultado del cruce con caballos importados desde Inglaterra y Francia y está empleado perfectamente para la monta. De capa negra, se distingue por su cabeza más pequeña y por su conformación más equilibrada. El caballo de raza menorquina es noble, de sangre caliente, rústico, resistente y enérgico. Con una gran aptitud para la silla y el enganche, a pesar de que su característica más valorada sea actualmente su participación en las conocidas fiestas populares de la isla de Menorca, donde es insustituible.
TURISMO HÍPICO EN LA RED
El portal oficial de Turismo de las islas Baleares reserva un link para la oferta ecuestre como uno de sus grandes patrimonios turísticos. Concursos de saltos, carreras de trotones y exhibiciones de doma menorquina constituyen los grandes referentes para saciar la pasión hípica durante todo el año. En la página web www.illesbalears.com los aficionados pueden encontrar el listados de las principales instalaciones hípicas de las islas, las empresas que organizan actividades ecuestres y la relaciones de federaciones, asociaciones e instituciones hípicas Baleares. Y en seis idiomas.
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