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LAS EMOCIONES DEL CABALLO

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alegría   comportamiento   emociones   miedo   pánico  

LAS EMOCIONES DEL CABALLO

El Mundo del Caballo nº 074

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1. Introducción

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Miedo, alegría, coraje... el caballo siente y reacciona frente a todo cuanto le rodea. En los próximos meses, EL MUNDO DEL CABALLO os invita a descubrir el amplio y variado abanico de emociones que condicionan el comportamiento de este animal.

El caballo se emociona frente a un estímulo porque tiene la facultad, mayor o menor en función de la raza y del ejemplar, de expresarse frente a aquello que ha percibido. Es el influjo nervioso mental lo que le permite captar y, seguidamente, reaccionar en función de las experiencias que ha vivido. Sin influjo nervioso, casi no hay reacción; en cambio, cuando hay mucho influjo nervioso (exclusividad de las razas nobles árabes) aparecen facultades como el coraje, la energía o la resistencia. Aunque un influjo en exceso provoca que el caballo se sobreexcite sin motivo, volviéndose demasiado nervioso y emotivo. La capacidad para emocionarse es muy típica en la especie equina. Es este instinto de alerta frente a cualquier estímulo lo que ha permitido a los caballos sobrevivir durante tanto tiempo, pues huyen tan pronto como sienten un peligro cerca; la rapidez para escapar es lo que les pone a salvo de sus depredadores. Hoy en día, esta sensibilidad tan acusada les produce reacciones de huída ante objetos o situaciones que su cerebro decodifica como una amenaza para su supervivencia. Esta facultad podría definirse como un estado psicológico en relación con un objeto, con otro ser o con una situación que tiene un impacto sobre el ejemplar y que se traduce por una modificación de su actitud, de su expresión o de su gestualidad.

ENTRE LA ALEGRÍA Y EL MIEDO
El registro de emociones del caballo abarca desde la alegría en un extremo (con sus distintos grados de júbilo, satisfacción, diversión, empuje y decisión) hasta el polo opuesto: el miedo. Y éste también se divide en niveles crecientes que van de la desconfianza hasta el terror o la agresividad, pasando por la inquietud, la ansiedad o el pánico. El équido alegre es aquel que, trabajando en pista, en un picadero, galopando o recibiéndose de un salto, efectúa pequeños brincos de felicidad. No hay que confundir estas manifestaciones de alegría -que se pueden traducir como una muestra real de sus emociones- con un signo de desobediencia, con un canal de huída tras haber realizado un esfuerzo o, incluso, con una señal de dolor. El verdadero sentimiento de alegría se libera cuando el ejemplar sale del box efectuando pequeños trotes a la par que relincha suavemente; o bien, cuando trabaja y da pequeños brincos justo antes de partir al galope o al finalizar el salto.
En estos casos, los brincos son suaves y confortables, nunca muestran agresividad o insinúan una estrategia para tirar al jinete. Es necesario canalizar esta emoción de felicidad y encontrar un manual de uso para gestionar en qué momento debe el equino efectuar dichas manifestaciones. Así, hay que dejar que el caballo disfrute de un cierto tiempo de libertad para expresarse. Éste puede tener lugar antes o después del ejercicio, o tras realizar un recorrido excelente. Igualmente, es importante que el ejemplar tenga su propio espacio autónomo como cuando está en el prado, al darle cuerda, durante un galope final, etc. El caballo apreciará sumamente estos momentos autorizados de liberación. Instantes durante los cuales podrá dar rienda suelta a su felicidad y alegría sin límites.

CURAR EL PÁNICO
En el otro extremo se sitúa el miedo. Las causas que lo provocan son lo desconocido, la novedad (algo tan ínfimo como un papel volando a ras de suelo), ruidos anormales, voces desagradables que aparecen de golpe, gestos bruscos o entornos extraños, objetos que traen un recuerdo emocional de dolor, etc. Las emociones que transmite otro caballo o el mismo jinete también juegan un papel fundamental. Si se va detrás de un ejemplar que se aparta de forma inesperada, la tendencia es que el caballo que le sigue haga lo mismo; igualmente, cuando un jinete inexperto actúa de forma incorrecta o agresiva, su montura se tensará. Pero el miedo puede curarse. Para hacer que la desconfianza y la aprensión desparezcan es importante que el équido afronte cuantas más veces mejor el objeto o situación que le causa el pánico. Un ejemplar de excursiones y uno que no sale jamás del picadero mostrarán las mismas aptitudes al principio, sin embargo, la experiencia más variada del primero le ayudará a afrontar las situaciones de tensión con un mejor resultado.

SIEMPRE EN POSITIVO
En cualquier caso, es importante recordar que los caballos evolucionan. Maduran gracias a las emociones útiles o de relación. Por ello, es importante comprender su comportamiento y de este modo, canalizar los estímulos en la buena dirección, multiplicando, progresivamente, su grado de experiencia. Ser positivo con el caballo debe ser la máxima de todo jinete. El animal debe trabajar en un ambiente de alegría, de forma que vuelva al box satisfecho con el trabajo realizado y con el tiempo pasado junto a su propietario.

MIEDO: MANUAL DE ACTUACIÓN
Para ir disminuyendo hasta suprimir por completo el miedo en el caballo, primeramente uno debe admitir que el animal está en su derecho de sentir dicha emoción, así, será conveniente tomarse el tiempo que sea necesario para ayudar al ejemplar a vencer dicho pánico. Para ello, las órdenes pronunciadas deberán ser claras y dichas con calma. Lo que se busca es disminuir el nivel de tensión del animal. Es básico, en consecuencia, usar una voz dulce, que le permita relajar los músculos que estén contraídos por efecto del miedo. También hay que soltar algo las ayudas tratando de mantener al ejemplar calmado cuando le entra el pánico, e ir abordando la situación de forma progresiva. Ejemplos: cruzar una acequia antes de cruzar un canal; caminar sobre una plancha de madera antes de subir a la rampa del van; dejar que se acerque lentamente hacia el objeto que le causa miedo para que pueda olerlo y, de este modo, perderle el miedo, etc. En definitiva, se trata de acostumbrar al caballo de modo que considere estas situaciones excepcionales como algo más bien banal.

PEQUEÑO RECORDATORIO EMOCIONAL
El caballo...
... cuando tiene miedo:
• Resopla de forma entrecortada, su respiración es irregular, tiembla o emite ronquidos.
• Acelera el pulso.
• Agranda los ojos.
• Sitúa las orejas en posición vertical de forma fija.
• Pisa con nervio el suelo y patalea.
• Porta la cabeza y el cuello muy elevados, contrae los músculos.
• Dilata fuertemente los ollares.
... cuando está contento:
• Relaja la cabeza y los ojos, las orejas miran al frente.
• Efectúa pequeños relinchos ahogados.
• Se sacude, expulsa aire con potencia, de forma breve y repetida, todos síntomas de un gran bienestar. Manifiesta, así, sus emociones de alegría, el placer de volver a ver a su propietario, por ejemplo, o, simplemente, su felicidad.

1. Introducción

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