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POLO: NOBLEZA EN EL JUEGO

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POLO: NOBLEZA EN EL JUEGO

El Mundo del Caballo nº 085

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El polo es una disciplina competitiva, costosa y apasionante. Uno de los deportes ecuestres predilectos de las clases altas, con miles de años de historia y que busca popularizarse en España a toda costa.

Elegancia, glamour, espíritu competitivo, velocidad, acción y juego. Es difícil no ser atraído por la fascinación del polo cuando uno decide presenciar uno de sus partidos. Pero para ello hay que acudir a un campo, sentirse como uno de ellos y disfrutar de un juego que se cotiza al alza. Este deporte tiene mucho pedigrí pero poca afición. Al menos en España. Aquí, en Sotogrande o en Puerta de Hierro, por ejemplo, los equipos saltan al campo y galopan por el terreno de juego ante el ir y venir de un público de club al que parece preocuparle bien poco lo que sucede en la cancha. Finaliza el partido y la mayoría sale del recinto sin haberse enterado del marcador y convencidos de lo bien que se lo han pasado con los jinetes compitiendo de fondo. Esto es así de real en casi todas las ocasiones. España tiene una cultura muy particular del polo: arraigado al club social, visto como un reducto elitista y practicado en el más absoluto anonimato para muchos medios de comunicación. Ahora el polo está creciendo en España. No sólo en Sotogrande o Barcelona, lugares donde más se ha hablado siempre de este deporte, sino también en Sevilla, Santander, etcétera. Lo dicen los números. Ya sólo en Andalucía se cursan más del doble de las licencias españolas, y en cuanto a clubes, pasa más o menos igual. De los 19 que hay en el territorio español, once son andaluces, con Xerez como cuna de este deporte, no solo en España, sino en casi toda Europa continental, porque hay que tener en cuenta que el Club de Polo Xerez se fundó en 1870.

DE ORIENTE A OCCIDENTE
Y es que la historia del polo es milenaria. Su inicio se sitúa en Oriente, entre Persia y China, en el año 2000 antes de Cristo. Se cree que puede ser uno de los deportes con los orígenes más antiguos, aunque la fecha no pueda delimitarse con exactitud. Su nombre deriva de “pulu”, que significa “pelota” en tibetano.
Y se dice, aunque puede ser tan solo una leyenda, que su origen está en las planicies de estos países orientales cuando los supervisores reales protegían los campos de la monarquía de los pequeños, voraces y ágiles roedores. Lo hacían armados con largos mazos que eran utilizados en las cacerías. Sea como fuere, lo que sí está claro es que su práctica se extendió de China y Persia a la India, donde se asentó fuertemente. Otros documentos históricos lo ubican en Irán, donde las tribus iraníes lo practicaron (aparece mencionado en la literatura) del 521 al 485 a. de C., para exportarlo luego a China huyendo de las invasiones árabes. En el país de la Gran Muralla, su juego tuvo un gran auge pero decayó con el tiempo. En su apogeo, sin embargo, fue practicado por los reyes y considerado el pasatiempo real más importante. Su símbolo fue forjado en las armaduras y formó parte de la vida de Ming-Hung, rey amante de las actividades ecuestres.
Por muchos siglos siguió siendo un deporte en el que participaron reinas y familias de la alta nobleza, aunque su práctica se vio disminuida debido al desarrollo de otras disciplinas como las artes marciales. En la India, en cambio, el polo se extendió y se mantuvo vigente por miles de años, tomando un amplio asentamiento. Al cumplirse el siglo XIX, y convertida la India en una colonia británica, los ingleses conocieron de primera mano este deporte que los hindúes practicaban con dos equipos que competían montando en ponis Manipoor. Manipoor, zona importante de la India, fue el escenario de la época más importante en la historia del polo. Allí se construyó el primer club de polo de Silchar, en donde ingleses e hindúes convinieron en establecer las primeras reglas oficiales.
El británico John Watson fue quien formuló el primer reglamento. Hacia finales de 1860, el polo ya había viajado por completo a Inglaterra, donde se practicaba en algunos clubes, siendo los primeros los de Monmouthshire y Hurlingham. En Inglaterra tomó el nombre de “Hockey a caballo”. De Inglaterra pasó a otros países, principalmente a Estados Unidos, donde empezó a jugarse en 1883. Mientras que el primer golpe de taco en Argentina tuvo lugar en 1875.
En Europa también se internacionalizó. España ya no sólo fundó el primer club, sino que además contó en sus años de desarrollo con el impulso del rey Alfonso XIII, el primer monarca europeo en practicarlo públicamente. En el año 1900, el polo fue nombrado deporte olímpico y estuvo presente en cinco olimpiadas: 1900, 1908, 1920, 1924 y 1936.

CANCHA Y PARTIDO
El polo se juega sobre una cancha o campo de césped natural en cuyos extremos se ponen en el centro dos postes colocados a 7,50 metros de distancia entre sí. Los equipos están formados por cuatro jugadores cada uno. El número uno juega de delantero; los números dos y tres, en el centro de la cancha, y el número cuatro, de defensa. Cada equipo debe tratar de meter en la portería contraria, a golpe de taco, una bola llamada, también, bocha. Se juegan un mínimo de cuatro tiempos o “chukkers” de 7 minutos de duración cada uno, con 3 minutos de tiempo muerto aprovechado para cambiar de caballo. A cada equipo se le señala un hándicap que se forma con la suma de los de los cuatro jugadores. A su vez, a cada uno de ellos se le asigna cada año un hándicap. Existen torneos de alto (19-20), mediano (12-14) y bajo hándicap (4-6). El partido está controlado por dos árbitros a caballo y uno a pie, y las reglas de juego son muy severas con el fin de salvaguardar la integridad del jinete y del animal. Hay que pensar que para cada partido se necesitan seis caballos (cada profesional cuenta con una cuadra de unos ocho, como mínimo) con diversas características: deben ser atléticos, valientes, dóciles, resistentes, rápidos y con la capacidad de voltear, parar, resistir el trote y las vueltas. Sólo el caballo de polo responde a estas características.

EL CABALLO IDEAL
El caballo o petiso de polo tiene una alzada de alrededor de 1,56 metros y un peso medio de 400500 kg. Posee en su mayoría linaje pura sangre inglés, pero pueden provenir de cualquier raza siempre y cuando tengan cuello largo, cruz robusta, dorso corto y grupa poderosa.
El precio de un caballo de polo suele oscilar entre 2.500 y 20.000 euros, dependiendo de la edad, el entrenamiento y la fuerza. Son criados especialmente para este deporte. Su adiestramiento es también un oficio amplio y comercial. Sus principales estancias y sitios de cría se encuentran en Argentina y Gran Bretaña, aunque, oficialmente, es la importación de caballos argentinos la opción más común en la actualidad. En Argentina se usó el criollo argentino y el pura sangre inglés para iniciar la actual industria floreciente de crianza de caballos de polo.
Haciendo ese mestizaje, tras sucesivas generaciones, se llegó al caballo de polo actual, considerado como un pura sangre inglés gracias al cruce seleccionado para polo. Eso sin descartar que muchos poleros son caballos de carrera con registro en el Stud Book elegidos por sus condiciones para este deporte.
En otros países se juega con animales de razas locales, sobre todo árabes y quarter horses. Éstos, cruzados con yeguas mestizas o pura sangre inglés, han dado buenos ejemplares. Los puros, en cambio, están muy especializados en carreras de distancia corta (cuarto de milla) o en trabajo en yeguadas (cutting), y tienen tendencia a respirar en forma alternada. Al igual que el atleta de 100 metros liso, no resisten los siete minutos de juego (chukker).
La crianza y el adiestramiento de un caballo de polo requiere tiempo para que pueda explotar en el campo todas sus virtudes. A partir del nacimiento, deberán pasar de 4 a 5 años para que el animal comience sus primeras prácticas y 6 o 7 años para alcanzar un nivel máximo de competencia.
Puede competir bien hasta los 14 años, considerándose que un ejemplar es “viejo” a la edad de 15 años. El caballo demostrará durante ese tiempo de entrenamiento sus características de mansedumbre para que, después de un esfuerzo muy intenso, se pare al instante, no incomode a nadie y su carácter no sea violento, porque sino el jinete estará más ocupado en el caballo que en el juego en sí mismo. Y la única manera de saber si el caballo es bueno es probarlo.
Ellos tienen, de por sí, alguna habilidad propia, en el sentido de la sensibilidad en los movimientos laterales y en la respuesta a las riendas. Si bien algunas de estas características es natural, la doma les ayuda a perfeccionar los movimientos. Entonces, el polista podrá taquear con la máxima destreza, parar bochas en el aire, gambetear, frenar, arrancar y lanzarse a la carrera muchas veces durante el chukker. Así y todo, cada caballo no puede jugar más de uno de los seis tiempos de siete minutos en que se divide un partido.

ESPAÑA MIRA A ARGENTINA
El pasado mes de diciembre, la Confederación de Empresarios de Andalucía (C.E.A.) y la Real Federación Española de Polo (R.F.E.P) presentaron en la Asociación Argentina de Polo su propuesta “El Polo en Andalucía”. El objetivo del evento fue dar a conocer el presente y futuro de este deporte en Andalucía y presentar los ambiciosos proyectos que se desarrollarán en esta comunidad española, principalmente los cambios que se han previsto en las canchas de Santa María Polo Club.
Las autoridades españolas aprovecharon su estancia en Buenos Aires para intercambiar experiencias y conocer más de cerca la afición argentina por el polo. Y es que este país es el referente mundial de la disciplina. Los argentinos empezaron a exportar caballos y técnicas de juego hace mucho tiempo, primero a Estados Unidos y luego a Europa, y en la actualidad hay cerca de 200 clubes afiliados a la Asociación Argentina de Polo (A.A.P) y más de 1.800 jugadores con hándicap federados.
Hoy, además, es todo un negocio. La cría y venta de caballos de polo resitúa a los protagonistas del deporte. Hay 410 criadores afiliados a la Asociación Argentina de Criadores de Caballo de Polo (A.A.C.C.P). Reconocidos empresarios invierten en sus equipos para poder taquear al lado de los mejores. Y los profesionales lanzan sus propios torneos, como Adolfo Cambiaso –el Maradona del polo– y Gonzalo Pieres, quienes lanzaron el Argentina Polo Tour, una competición de seis torneos de hasta 16 goles de hándicap. Los polistas argentinos viajan contratados por los patrones de los equipos para jugar torneos. En algunos casos, los jugadores reciben un cachet que puede acercarse al millón de dólares –tratándose de un polista de elite y en circunstancias especiales.
Así, entre febrero y abril se hace la temporada Palm Beach en Estados Unidos; entre mayo y junio, la Copa de Oro y de la Reina en Inglaterra, y entre julio y agosto acuden a España, Italia y Francia.

FUERA DE LA CANCHA
El polo ya no sólo se juega en la cancha. Hoy está ligado al mundo de la moda. Es un deporte de alto lujo y la mejor vía de comunicación para marcas premium que necesitan llegar a su potencial cliente en otro ámbito, por lo que son cada vez más las empresas que se vuelcan al polo como sponsors de las competiciones y de los equipos. En este deporte hay un caso emblemático en cuanto hace a la indumentaria y la talabartería.
Desde hace más de 20 años, cuando el deporte era prácticamente amateur en Argentina, La Martina comenzó un largo camino hasta convertirse hoy en referente mundial. Con su indumentaria viste desde hace 18 años a los equipos que juegan torneos organizados por la Federación Internacional de Polo (F.I.P). Su dueño, Lando Simonetti, afirma que “fuimos los que directa o indirectamente creamos la moda de usar camisetas de polo en reuniones sociales.
Somos la única empresa que se dedica al polo en su totalidad, haciendo desde pantalones a cascos y monturas. El gran negocio está en el exterior, y la marca país empieza a ser importante en un segmento en el que antes no existía”. Otro ejemplo es el de Patrick Guerrand Hermès. Dueño de una de las grandes fortunas del mundo, y quinta generación que forma parte de la marca de ropa francesa que vende pañuelos, bolsos y corbatas exclusivas, es un enamorado de los caballos y de esta disciplina hípica. Hoy está más cerca que nunca de este negocio al ser el presidente de la Federación Internacional de Polo.
No son los únicos ejemplos. El diseñador Ralph Lauren fue el primero en asociar una marca con este deporte, y utilizó al jugador argentino Ignacio Figueras como imagen para su perfume Black. La Dolfina, propiedad del jugador Adolfo Cambiaso, ha ganado músculo en la moda estos últimos años, lanzando nuevos productos de ropa inspirados en el estilo del polo.

SABÍA QUE...
... un equipo completo puede costar entre 500 y 1.000 euros.
... si la caña, de bambú o plástico, es flexible, el taco es de madera dura.
... la camiseta no debe cumplir ninguna característica especial.
... los guantes son imprescindibles para que el jinete sujete el taco con más firmeza.
... las botas de cuero repujado argentinas son las mejores y cuestan entre 200 y 1.300 euros.
... las espuelas no llevan punta y sirven para guiar y controlar al animal.

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