ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Judith Aguilar Fotos Anna Salarich, Judith Aguilar
1. Introducción2. Más información
El verano es una estación fabulosa para practicar cualquier disciplina ecuestre. El calor, el sol y el buen tiempo en general favorecen las largas salidas a caballo. El jinete deja atrás el invierno y con él los cuidados para proteger a sus monturas del frío y sus consecuencias. Llegan momentos de gran complicidad entre éste, el caballo y la Naturaleza pero, también, llega la hora de proteger a los equinos de las altas temperaturas.
El caballo puede ser su peor enemigo en condiciones extremas. Su voluntad de trabajar para el hombre dándolo todo significa que, a menudo, puede ir más allá de lo que es bueno para él. Entonces, es responsabilidad del jinete velar por su bienestar, sea cual sea la época del año. En verano, en concreto, tendrá que poner especial interés en evitar problemas en cuyo origen está la subida de temperaturas: cuadros de deshidratación, dermatitis o irritaciones debido a la picada de moscas y mosquitos, lesiones en los cascos, etcétera. Para lograrlo, nada mejor que prevenir, algo que debe ser una máxima imperativa para todo propietario de un équido. Sólo de este modo se conseguirá pasar un verano tranquilo y se podrá disfrutar de un caballo feliz. A continuación, enumeramos uno a uno todos los aspectos a tener en cuenta en este sentido en los tres próximos meses.
HIPERSENSIBILIDAD EQUINA A LOS INSECTOS
Conocida también como dermatitis de verano, se trata de una reacción exagerada del sistema inmunológico del caballo a la saliva que inyectan los insectos durante el proceso de picadura. La única cura a este problema pasa por prevenir dichas picadas. Hoy en día, existen muchos y diversos métodos a la hora de luchar contra toda clase de bichos. Para empezar, como primera medida se debería evitar que los caballos pasten en zonas demasiado húmedas (cerca de pantanos, ríos, etcétera) ya que la proliferación de parásitos en este medio es mayor de lo habitual. Por otro lado, es conveniente examinar al ejemplar cada día para localizar nuevas picaduras y tratarlas con lociones específicas que permitirán que sanen rápidamente. Teniendo en cuenta este primer consejo, conozcamos más de cerca cuáles son los insectos que más daño pueden causar a un caballo.
MOSCAS
Cada año, desde comienzos de junio y hasta septiembre, las moscas hacen su aparición, y con ellas comienza un periodo de incomodidad para los caballos que tratan, en vano, de deshacerse de su irritante presencia. Las moscas más molestas son las más pequeñas y negras que revolotean alrededor de la cara y bajo el vientre del animal. Normalmente se sienten atraídas por las zonas más húmedas del cuerpo del équido (a saber, mucosas: ojos, ollares, etcétera), aunque también suelen posarse en la región genital o sobre la sangre de una herida supurante. En este último caso, la presencia de estos insectos puede llegar a causar infecciones mayores, con picaduras que originan bultos, a veces, muy dolorosos. Para lograr erradicar este problema, los repelentes para moscas son una buena solución. En casos extremos, también se puede hacer uso de mosqueros y de máscaras que se colocan sobre la cara del caballo (estas segundas, además, ayudan a filtrar el polvo e impiden que las moscas y los mosquitos ataquen las zonas delicadas del rostro). Las sábanas antimoscas pueden aliviar a los ejemplares más sensibles. Todas ellas están diseñadas para mantener al caballo fresco; se secan rápidamente después de la lluvia.
LAS MOSCAS DEL CABALLO
Este tipo de mosca suele hacer su aparición más tarde que las normales. Se identifica fácilmente porque tiene la espalda de color naranja. Le gustan los días bochornosos y con mucha luz solar. Se puede posar en cualquier parte del cuerpo del équido y sus picadas producen bultos muy dolorosos y ampollas que se infectan con facilidad.
LOS MOSQUITOS
Las picaduras de los mosquitos son las que pueden provocar una reacción alérgica extrema en el caballo llamada hipersensibilidad a las picaduras de insectos (suele producirse una concentración de picaduras alrededor de la crin, la cola y la espalda).
LOS TÁBANOS
El problema de este tipo de mosca no es el dolor que provoca al picar sino que a través de un largo tubo pone sus huevos en diversas zonas de la piel del caballo (sobre todo en la parte inferior de las extremidades y cuello), pudiendo llegar a causar graves daños internos si el ejemplar se lame la piel. Entonces, los huevos pasarán a su sistema digestivo donde las larvas se alimentarán e incubarán antes de salir a través de las heces durante el invierno.
EL BAÑO: EL MEJOR ALIADO
El olor a sudor de los caballos atrae muchísimo a los insectos. Una de las mejores maneras de disminuir la cantidad de éstos por caballo es manteniendo bien limpio al ejemplar y con las heridas muy controladas. Si bien también es cierto que un jabón que contenga repelente de mosquitos puede resultar muy útil, lo más importante en sí sigue siendo que el animal se duche con regularidad (al menos una vez por semana) lavándole con un buen jabón. Posteriormente, se le dejará secar (sin que se revuelque, por lo que se le atará si es necesario) y, a continuación, se le aplicará el repelente por todo el cuerpo (evitando las zonas sensibles). Aunque el olor del caballo volverá a aparecer, con el baño y el repelente estará unas horas libre de moscas y mosquitos. A posteriori, se podrá continuar insistiendo con el repelente. El proceso para duchar a un equino es el siguiente: primero, hay que diluir el champú en un cubo de agua tibia y aplicar la mezcla jabonosa por todo el cuerpo del equino. Con un cepillo de agua se rascará su cuerpo para que el champú entre bien entre sus pelos. La cara, por su parte, deberá ser enjuagada suavemente con una esponja, intentando que no entre jabón en los ojos. Se masajeará la crin con la solución para que penetre en las raíces y se utilizará el cepillo para llevarla hasta la zona de las extremidades. A continuación, se depositará la cola del caballo dentro del cubo y se frotará hasta que la suciedad se desprenda y quede en la espuma que forma el jabón. Si conviene, se puede repetir el proceso una segunda vez. Para acabar con la ducha, se aclarará al caballo con una manguera (cuidadosamente, porque puede asustarse). El exceso de humedad tras el baño se puede eliminar usando un cortasudor, orientándolo siempre en el sentido del pelo. Conviene peinar la crin para eliminar los nudos. Es bueno dejar que el ejemplar se relaje mientras se seca tranquilamente bajo el sol. Para terminar el proceso de acicalamiento, una vez seco, se le puede cepillar para eliminar las marcas de agua y estimular el brillo de su capa.
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